martes, 14 de mayo de 2013

Para gustos, los colores

No hay nada más agradable que un lector, desconocido hasta que hace su comentario en cualquiera de las plataformas de internet, te diga que tiene tus dos novelas.  Y no es porque alimente el ego, al menos en mi caso, es que da sentido al trabajo y las horas de dedicación a un proyecto que, en ocasiones, no es exactamente lo que esperabas... o todo lo contrario: supera tus expectativas.

Una buena portada más un buen texto en la contraportada, arranca la curiosidad inicial de tomar una novela entre tus manos, ojearlas y, si el formato te acaba de convencer, por norma, termina en la compra.

Mi primera novela solamente está en formato digital, no es ninguna sorpresa, y es que de a todas las editoriales que fue enviada, ni una sola se molestó en contestar, así que ahí está, colgada en Amazon.  La segunda, ganó un premio y el sueño de todo escritor, se hizo realidad: verla publicada.

Pero, ¿qué pasa cuando la calidad de portada o incluso el formato interior, sumado al excesivo precio se juntan? ¿Y si además la editorial flaquea en términos de promoción (por no decir que nada de nada)?

Brillantes novelas pierden su resplendor al intentar dar un enfoque distinto del que realmente tiene.  Pero, una vez firmas el contrato, poquita cosa puedes añadir.

Dudo si mi tercera novela, ya terminada, algún día verá la luz en formato físico.  De la forma más inocente, me he cerrado la puerta con dos editoriales.  Pero con el corazón en la mano, puedo decir que, antes de verla maltratada o moldeada a la imagen de cualquier editorial, prefiero subirla directamente, y en apenas cinco minutos, haga compañía a "Ilusiones de marfil".

Os adelanto que se titula "Y ahora, ¿qué?", y como en cierto modo (sin proponérmelo) el resultado sigue siendo la superación, afirmo que ha convertido a mis tres creaciones en una trilogía.

Modestia a parte, siento que es la más madura y trabajada.  Me siento más cómodo con la narrativa y, sin dejar de lado la sencillez que me caracteriza, el resultado es una historia tierna, optimista y de superación.

Cada escritor tiene su público, y yo estoy más que contento con el que me sigue, pues sus comentarios, sus aportaciones, me hacen sentirme cercano a ellos.  Si se me envía un correo, lo contesto, si dejan un comentario en Facebook, mínimo clíco "me gusta".  Mis lectores no están solos, al igual que ellos están a mi lado.




martes, 7 de mayo de 2013

El trabajo de escribir

Ayer, acudí a la presentación de un libro que recoge una serie de microrelatos.  El acto se alargó más de lo esperado y, en ocasiones, reconozco que me aburrí con tanta parafernalia y diarrea verbal de uno de los presentadores.

Estoy de acuerdo en que, cada escritor tiene su público.  En el caso de mi amigo, más que por su obra, estaba por él, para darle apoyo moral y, si más no, hacer bulto.  Tampoco es que hiciera mucha falta, pues la sala se llenó e incluso hubo gente que no se pudo sentar (la silla a mi izquierda se quedó vacía, imagino que por la vergüenza de sentarse una vez comenzado el acto).

Bien, el caso es que, bajo mi punto de vista, si se habla de una novela, o como en este caso de una recopilación de microrelatos, las comparaciones con diferentes escritores, sobran, no todo el mundo tiene una cultura literaria digna de elogio.  

El escritor, afirma que escribe desde el inconsciente, para dejar que las historias no creen una reacción, si no una acción...  Me llamó la atención, porque por mucho que intentes que tu parte inconsciente sea la que aflore, no deja de estar más que condicionada por lo que realmente te has propuesto como objetivo... es un tanto incongruente, así que por respeto ni abrí la boca, pero me quedé con ganas de explicárselo en privado.  

Una vez terminó el acto, respondió a la única pregunta que le formularon y, como le conozco, sabiendo de su facilidad a deleitarse con sus propias palabras, no me arriesgué a comenzar una polémica que se hubiera alargado más de lo necesario.

Además, la silla era muy incómoda.

Damià Bardera, es sin duda uno de los genios que de tanto en tanto, l'Empordà permite desarrollarse y, como las amapolas entre el trigo, destaca por su propio mérito.  Escribe en catalán y ha ganado varios premios (incluso uno de poesía).

Su vocabulario no es refinado, siempre pienso en él como un insolente que cae bien, pero, antes de saber que era escritor y le veía como a un cliente que acudía al bar que regentaba, no niego que me chocaba su forma de ser e incluso pensé que era un poco borde.

Nada más lejos de la realidad: ni es prepotente ni es desagradable.

Tiene el valor de plasmar con su peculiar vocabulario y modo de ver la vida una serie de historias sin que le importe lo más mínimo si son políticamente correctas o no.  De hecho, opina que le da lo mismo, pues en los setenta no había tanto miramiento.

No deja de ser curiosa la cantidad de lecturas que da una novela, recopilación de relatos o incluso un ensayo.  La mayoría de las veces plasmamos palabras que van más allá de nuestras intenciones, a pesar de que nos pueda resultar algo nada subrayable.  Así que una frase, una situación, alcanza un nivel de sentimiento que en la mayoría de ocasiones, no era nuestra intención.

Siempre he considerado que el hecho de ser escritor, no tiene por qué condicionar nuestra manera de expresarnos o utilizar un vocabulario que, en la mayoría de ocasiones, sobre todo hablando de técnicas literarias, se escapan de la comprensión del oyente.  Un arquitecto presenta un rascacielos y de lo último que habla es de las maravillas del Autocad o de las operaciones matemáticas que ha tenido que realizar para que las trescientas plantas no se derrumben.

Pero todo forma parte del espectáculo, ya voy siendo consciente.  Os dejo el link de su página, merece la pena conocerle.

Página de Damià Bardera