domingo, 16 de marzo de 2014

El final de Amarel.lo Bar


Si no recuerdo mal, la primera vez que pisé el local Amarel.lo, fue en enero de 2008.  En aquella época se llamaba Lateral y, desde aquella noche, supe que aquél sería mi lugar, mi refugio.

Enfrente del lavabo, junto al pozo, era el sitio donde podías encontrarme.  Me encantaba aquél local, con sus paredes de piedra, suelo de madera, vigas antiguas y la vieja piscina en la que, originalmente, desmoldaban las estructuras de escayola.

Cada jueves, acudía a tomarme unas cañas y con el paso de los días, entablé amistad con el antiguo propietario.  Realmente fue una buena época.  El día que me enteré que cerraban, lógicamente sentí que algo de mí desaparecería y, con un gran esfuerzo, decidí llevar las riendas del local para que no se cerrara.

Vino el cambio de nombre, intentando desvincular la mala fama que el establecimiento se había creado... Tras horas de trabajo, limpieza, ayuda de amigos que consiguieron devolver la maravillosa atmósfera del lugar, llegó su inauguración.

La noche antes no pude dormir... ni la posterior, ya que era el inicio de horas y horas de trabajo y dedicación para el local que me enamoró a primera vista.  No fue sencillo, pero tras un primer año fue posible contar con un ayudante los fines de semana y pude trabajar mucho más relajado.

Al principio, la intención no era que funcionara como restaurante, pero, tras escuchar las críticas (siempre fueron constructivas) de los clientes y amigos de confianza, la carta gastronómica fue mejorando y aumentó su oferta.  La zona de barra, nunca acabó de funcionar como tal, los clientes preferían quedarse en las mesas y disfrutaban de sus conversaciones bajo un nivel de música acertado.  Era muy gratificante ver cómo semana tras semana, pasó de ser un lugar más a ser el "refugio" de mucha gente.  Lo mismo que me había pasado a mí en su momento.

Parecía que el local comenzaba a levantarse.  Lo curioso, es que a pesar de que jamás fue un lugar de máxima afluencia, todo cliente que venía, terminaba repitiendo.  De hecho, si ofreces al cliente lo que necesita: limpieza, calidad de productos y un buen ambiente, es solamente cuestión de tiempo. 

La calidad de la carta siempre fue primordial, habiendo poquísimos platos (tres, para ser exactos) que procedían elaborados.  

En la hora de copas, procuré elaborar una amplia lista de cócteles y los típicos gintonics para que todo el mundo tuviera una extensa oferta.  El tiempo aproximado de elaboración de cada uno, rondaba los cinco minutos, con una presentación que siempre busqué que fuera diferente.

Y se logró: Amarel.lo funcionaba.  Lejos de grandes beneficios o tumultos, pero de si algo estoy orgulloso, es de que en cada evento importante de la ciudad (Girona temps de flors y Fires de Sant Narcís), absolutamente todos los clientes habituales (aproximadamente 150), acudían religiosamente.

Críticas escelentes en Tripadvisor colocó a Amarel.lo en la segunda posición de popularidad, haciendo que muchos se interesaran, especialmente turistas de fin de semana.  Hablar inglés y francés fue un punto a mi favor, ya que me aseguré de que los extranjeros, no se sintieran como borregos siguiendo una guía turística.

Quizá la anécdota más tierna fue la de un matrimonio joven, con dos hijos, visitaron Girona por la exposición de flores.  Entraron su primera noche por casualidad y de sus cinco salidas a restaurante, cuatro fueron en Amarel.lo.  Era la primera vez que hacían una escapada desde que tuvieron a sus hijos y me pareció lo más tierno del mundo.

Era muy raro que quienes visitaban el local por primera vez no repitieran.

Pero como es lógico, trabajar un promedio de 15h entre semana y 18h los viernes y sábado, terminaron pasándome factura: acabé exhausto.  Ya no era aquél adolescente que trabajaba en una gasolinera y en una discoteca cinco días a la semana prácticamente sin dormir.  A los cuarenta años,  mi genética dijo "basta".

No era el típico caso de matrimonio que trabaja conjuntamente y termina en divorcio, no, los problemas de pareja se quedaban en casa y en Amarel.lo, estuvo estipulado desde un primer momento cuál era el lugar de cada uno.  Dejar el local tras tanto esfuerzo y horas de trabajo, fue la decisión más difícil que he tomado nunca.

Desconectar de todo aquello restultó difícil, pero lo acepté y sigo con mi vida.

He pasado esta semana por la calle del bar, hacía meses que no lo hacía.  Desde la puerta de cristal he visto que ya no hay nada de lo que era y, en mi interior, algo se rompió.  Aunque hace más de un año que estoy desvinculado del proyecto, por mucho que otros propietarios abran, cambien el nombre y lo decoren de forma diferente, aquellas paredes serán mías para siempre.

El día que se vuelva a abrir, será fantástico, volveré a pasar grandes momentos disfrutando de lo que siempre ha significado para mí: mi refugio, mi sitio.

 

 



 





2 comentarios:

  1. Gracias por entretenerme durante horas llorando y riendome als mismo tiempo. Soy un romantico perdido del norte de Alemania.He sufrido y disfrutado con y de tus protagonistas. Espero que publiques lo más pronto posible algo nuevo. Mucha suerte y beso

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    1. Querido Torsten, gracias a ti por dedicarme tu tiempo. Te mando un gran abrazo desde Barcelona.

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