sábado, 25 de octubre de 2014

Platónicos, amarguras y dudas

Se escribe mucho sobre el amor, se canta, se sueña... se llora.  Pero cuando pensamos en él, se acostumbra a dar por sentado que es cosa de dos; raras veces se habla del amor platónico, de esos "amores de segunda categoría" que casi ridiculizan a quien lo sufre.

Y es que dentro del amor no hay mayor desgracia que la del no ser correspondido.

¿Cuántas horas de desvelo acompañan a esos momentos de desencuentro? ¿Cuántas lágrimas visitan al pobre desdichado que atraviesa esa etapa? ¿Y los nervios que se disimulan cuando está junto a su amor imposible?

Cuando se da la lucha por perdida, una vez gastado todo el arsenal de encantos y maravillas de las que disponemos, acostumbra a llegar la autocompasión poco antes que el de la rabia hacia "la víctima".  Se intenta poner distancia, con escusas al principio y malos modos a medida que el tiempo pasa... hasta que solamente quedan dos opciones: o confesarse o callarse y esperar a que se pase.

En el caso de que se opte por lo primero, hay que estar más que mentalizado de que con toda probabilidad se va a recibir una calabaza del tamaño de Brasil, puesto que de haber sido algo recíproco no se hubiera llegado a esa situación.  Si, por contra, la segunda opción es la elegida, esa agonía puede alargarse por bastante tiempo.

Tras la temida pregunta "¿no me quieres?", nos arriesgamos a como dice el chiste, recibir la respuesta-pregunta a lo gallego: ¿miento o soy cruel?

Vivimos en una etapa social en la que parece que estamos demasiado bien solos, pero, ¡¡!ay cuando llega la noche!!!  ¿Para qué queremos ser tan autónomos si cuando nos hacemos daño a quien primero llamamos es a nuestra madre?

Podemos convencernos de que lo que tenemos es lo que queremos, pero, ni tan en el fondo ni es tan temible secreto el que en realidad, somos más dependientes de lo que nos creemos.

La vida pasa rapidísimo, en serio, creo que es mejor no dejarse llevar por la indecisión o el maldito "¿qué dirán?" que no consiguen más que condicionar y amargar.  Que sí: perfecto, que no: perfecto también.  El día de mañana, cuando demos el último suspiro, será demasiado tarde para arrepentirse o actuar en consecuencia.

Pocas veces nos cruzamos con alguien lo bastante interesante como para tirarse a la piscina, pero, mi humilde consejo es que si sospechas que lo es: lánzate.  Sinceridad y valentía.  Con dos cojones.